lunes, 23 de septiembre de 2019


Política de corto plazo

“La responsabilidad de que el señor Rajoy pierda la investidura es exclusiva del señor Rajoy por ser incapaz de articular una mayoría”. Este tuit de Pedro Sánchez, de agosto de 2016, resulta irónico en septiembre de 2019. A día de hoy, muchos han cambiado el sujeto de la frase atribuyendo en exclusiva el fracaso de las negociaciones para investir al señor Sánchez al propio presidente del Gobierno en funciones –también lo haría el Sánchez de 2016, aunque el actual trate de repartir las culpas a diestra y siniestra, sin un ápice de autocrítica-. Lo cierto es que yo sí le atribuiría una gran parte de la culpa, aunque no al 100%.

En los últimos años, se ha instalado en el Estado una manera de hacer política que ha degenerado en una legislatura errática. Tras el 28 de abril, alcanzó el rango de vodevil, y esta semana hemos asistido a su inaudito acto final. Cada uno con su grado correspondiente de responsabilidad en tan irresponsable proceder, los protagonistas han sido los máximos dirigentes de los cuatro principales partidos del Estado.

Centrándonos en Sánchez, llama la atención que a la hora de justificar la no consecución del acuerdo para poner en marcha la legislatura, haya renegado de todos aquellos que le auparon en la moción de censura. Es llamativo que ahora no haya logrado el apoyo explícito de ninguno de aquellos que entonces, prácticamente sin programa y únicamente por esperanza, entendimos que era mejor dotarse de un nuevo Gobierno.

Le escuchábamos el martes asegurar, tras ratificar su fracaso ante Felipe VI, que buscaba un Gobierno “que no dependiera de fuerzas independentistas”, responsabilizando a los principales partidos de la oposición de “tratar de empujarle” a ello como si se asomara al averno. Y yo me pregunto, ¿hubiera llegado a ser presidente del Gobierno si hubiera hablado así en el discurso de la moción de censura? ¿Tan lejos queda aquel alegato a “restablecer los puentes” con el nuevo Govern de Cataluña? En la alocución de la investidura de julio ni siquiera se refirió a la cuestión catalana; ¿con cuál de los Pedro Sánchez nos quedamos, con el que hablaba de plurinacionalidad o con el que esta semana ha vuelto a deslizar la amenaza de aplicar el 155?

El caso es que, si hasta no hace mucho la corrupción era la segunda preocupación de la ciudadanía tras el paro, ahora lo son los políticos. Si hoy preguntáramos a la sociedad qué le parece la nueva convocatoria de elecciones, no haría falta ser un brillante sociólogo para calcular que una gran mayoría está en contra. También es una opinión generalizada que no se ha visto una actitud sincera por parte del Presidente en funciones para lograr un acuerdo de gobierno: para el pleno de investidura de julio fueron muy pocas las horas dedicadas a establecer un acuerdo con Unidas Podemos, y en agosto ni se ha dignado a pactar o trabajar con ninguno de los Grupos del arco parlamentario.

Así, en ausencia de un compromiso institucional en el Estado, así como de un proyecto compartido a medio plazo entre las principales fuerzas, la falta de acuerdo entre ellas a quien más afecta es al ciudadano de a pie. Desde la disolución de las Cortes a primeros de marzo, hasta que se vuelvan a poner en marcha tras las nuevas elecciones, habrá pasado cerca de un año, en el mejor de los casos, y la ciudadanía necesita una certidumbre que le debemos proporcionar los políticos, para afrontar su día a día con el desempleo, la economía, el futuro de Europa… Mientras tanto, hay Comunidades Autónomas que siguen sin su debida financiación, grandes lagunas sociales siguen sin estar dotadas de presupuestos y diversas cuestiones que son el problema diario de los ciudadanos.

Entretanto, la situación y la actitud de la clase política en Euskadi es diferente a la mantenida por los diferentes partidos políticos en el Estado español. Por ejemplo, este viernes acudí en mi calidad de senador autonómico al escaño del Parlamento vasco, donde departí con responsables políticos e institucionales y constaté que Euskadi tiene un presente y que trabaja en el presente por el desarrollo del futuro, mientras que el Estado tiene un presente muy dubitativo y un futuro lleno de incertidumbre.

El Lehendakari Urkullu nos detalló los proyectos en los que seguirá trabajando su Ejecutivo en materia de empleo e infraestructuras, así como de igualdad, convivencia y autogobierno. El Diputado General de Gipuzkoa, Markel Olano, me expuso sus principales objetivos para la legislatura que acaba de comenzar, y para la que ha conseguido un Gobierno estable; el nuevo presidente de Eudel y alcalde de Vitoria-Gasteiz gracias a un acuerdo plural, Gorka Urtaran, me trasladó su ilusión por liderar un proyecto de política cercana de cara a los ciudadanos; Esta semana hemos conocido el último ejemplo de colaboración entre EAJ-PNV y PSE con el acuerdo de legislatura del Ayuntamiento de Barakaldo.

Es fácilmente constatable que en Euskadi hay proyectos de futuro. El sistema social vasco es uno de los considerados ejemplares, porque se basa en la filosofía de no dejar a nadie atrás; el gasto social ha aumentado desde el 62% del presupuesto de 2013 al 70% actual; la protección social por habitante se sitúa cinco puntos por encima de la media de la Unión Europea; el índice Gini nos sitúa entre los territorios más igualitarios de Europa.

Sin embargo, Pedro Sánchez ha priorizado su interés personal, abocando a unas nuevas elecciones, en lugar de dar soluciones a la ciudadanía. Posibilitando una convocatoria electoral, además, que podríamos calificar como un fraude de ley a la ciudadanía, por ponerle a decidir cosas que ya están decididas. Conceptualmente es una aberración, porque quiere decir que quiere preguntarle hasta que dé un resultado que le satisfaga. ¿Qué esperamos que diga que no haya dicho ya?

La base para la construcción social debe seguir siendo la gestión seria, eficaz y responsable, como la llevamos a cabo en Euskadi; con la mirada puesta en el futuro y atentos a lo que ocurre en nuestro entorno, pero sin dejarnos llevar por el populismo ni por la política compulsiva y cortoplacista que a medio plazo se pueda volver en contra.

Mi artículo de opinión en Diario Vasco.

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