domingo, 20 de agosto de 2017


La banalización de la política
Captar las inquietudes de la ciudadanía y darles respuesta es una de las principales funciones de los partidos políticos. También anticipar y diseñar un futuro que garantice el bienestar y la calidad de vida al conjunto de la sociedad. Esta capacidad de responder a las necesidades del presente y del futuro, siempre en contacto con la ciudadanía, se encuentra en el centro del análisis de Peter Mair en su libro ‘Gobernando el vacío’. Así, el papel de las formaciones políticas es actuar como vehículo de los intereses sociales y como elemento organizador de los ciudadanos y ciudadanas.
 
En la era de la globalización los partidos siguen jugando un papel importante, sobre todo en el ámbito más próximo a la ciudadanía y no deben perder su capacidad de conocer y comprender sus necesidades. El análisis del Sociómetro del Gobierno Vasco y de los estudios del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), del Gobierno español es muy elocuente: los problemas sociales se asocian en una categoría unidimensional vinculada a las dificultades económicas, el paro y los problemas del mercado de trabajo. Hay otros problemas, sin duda, pero no adquieren esta dimensión.
 
La única salvedad diferencial relevante entre la realidad española y la vasca se encuentra en la corrupción, motivo de preocupación para el 49% de la población en España, y solo en 6% en Euskadi. Traigo a colación estos dos estudios porque este último mes hemos asistido a un hecho curioso en la política vasca. El mundo de la izquierda abertzale ha querido importar un problema, el del turismo, que, a tenor de la preocupación que muestra la ciudadanía, no alcanza la dimensión que han pretendido otorgarle. Sortu y Ernai, o viceversa si se prefiere, se han hecho eco de la campaña organizada por las juventudes de la CUP en Catalunya y han enturbiado una cuestión de vital importancia para la economía vasca y la imagen exterior de nuestro país.
 
Ernai organiza movilizaciones y manifestaciones, afirma que es necesario un "debate popular", serio y en profundidad, por supuesto, y también participativo y transparente, claro. Obvian que Euskadi acaba de aprobar una ley de Turismo hace menos de un año. Olvidan que esta aprobación se ha producido tras un largo periodo de estudios y debate, este sí profundo, participativo, transparente, serio y plural. Ignoran que también EH Bildu participó en este debate y que votó a favor de la ley vasca de Turismo. Ignoran que la ley promueve un nuevo "modelo turístico sostenible y de calidad" que ahora, doce meses después, Ernai y su entorno, pretende desbaratar de un solo golpe. Lo que no entiendo es que a esto pretendan llamarle debate y, menos, político. Lo único que consiguen es banalizar la política aprovechándose, eso sí, del desmesurado protagonismo que alcanza cualquier noticia durante los meses de estío, también informativo.
 
El turismo en Euskadi no es un problema. Lo cual no significa que no existan problemas puntuales asociados o generados por el turismo. El turismo en Euskadi es una oportunidad, tanto económica como de imagen y proyección exterior. Es obvio que, como país, debemos demostrar capacidad de gestionar adecuadamente un modelo que acabamos de consensuar y que nos corresponde cuidar, esto es, evaluar y mejorar. Si analizamos la hemeroteca durante todo un año, desde la aprobación de la ley, no nos encontraremos con ningún problema serio, profundo y, menos, irresoluble. Todo lo contrario, en todas las reflexiones, debates o comunicaciones públicas el turismo se ha contemplado como una oportunidad para Euskadi. Una oportunidad para trasladar nuestra identidad y cultura específica y singular, para generar más riqueza y más empleo, siendo conscientes que esta actividad alcanza ya el 6% de nuestro PIB. Importante, sin duda, pero muy por debajo todavía de la media española y europea.
 
En estas reflexiones y declaraciones ha tomado parte la propia izquierda abertzale, encabezada en esta materia por el exalcalde de Donostia, Juan Karlos Izagirre, quien durante su mandato se congratulaba de los records de llegada de visitantes en 2012, 2013, 2014 y 2015. ¿Qué ha cambiado ahora? La respuesta en obvia: el alcalde y, por lo tanto, la estrategia de la izquierda abertzale. El turismo pasa de positivo a negativo. El modelo aprobado por la ley ya no vale. Ahora toda ponerlo todo patas arriba.
 
El objetivo obsesivo de la izquierda abertzale no es otro que el desgaste de la izquierda abertzale y su acción institucional. Han vuelto a errar.  Por supuesto que en el tema del turismo hay muchos factores en juego y son muchos los agentes implicados. Es evidente la necesidad de reflexionar, evaluar y mejorar. Pero no tiene sentido que quienes son incapaces de mantener un debate sereno y plural, pretendan imponer su criterio siempre a golpe de brocha gorda. El turismo no es una preocupación relevante para la sociedad vasca, y se ha convertido en un tema que está sobre la mesa, ha sido únicamente por la forma en la que se ha planteado y por la contraproducente imagen exterior de nuestro país que ha contribuido a generar.
 
No caer en la banalización de la política supone estar siempre atentos a los problemas que surgen. Prestar atención a la evolución del turismo es nuestra obligación, por supuesto, pero en nombre de la política y de la justicia nos corresponde concentrar nuestros esfuerzos en lo auténticamente importante. Tenemos la oportunidad de aprovechar el turismo como factor de actividad económica y empleo local, catalizador de iniciativas culturales y artísticas, como tarjeta de presentación de Basque Country en el mundo. Cada día llegan más visitantes a Euskadi, si les acogemos de forma cordial avanzaremos en un turismo sostenible, auténtico y de calidad para nuestro país. Este es el modelo turístico de Euskadi-Basque Country que nos corresponde preservar.

Mi artículo de hoy en www.diariovasco.com

sábado, 12 de agosto de 2017

¿Adónde nos lleva el sindicalismo de ELA?
Ejercer un buen liderazgo en un partido político u organización sindical demanda una personalidad y carácter especial, fuerte y singular. Xabier Arzalluz es un buen ejemplo, y el pasado mes de marzo lo volvió a demostrar. Se celebraba el 40 aniversario de la primera Asamblea Nacional del Partido Nacionalista Vasco tras la dictadura y en su alocución dejó para la reflexión la siguiente frase: Txiki Muñoz concibe ELA como una organización político-sindical”, una aseveración que me llamó la atención cuando la escuché, pero que conforme han ido pasado los meses se demuestra más atinada.
Ha sido precisamente el propio Secretario General de ELA quien ha iniciado su nueva “breve” etapa al frente del sindicato afirmando “la necesidad de hacer política desde la central sindical”. No se le puede negar coherencia, porque su trayectoria quedará marcada por la convocatoria de huelgas políticas y la organización de movilizaciones políticas, siempre con un mismo objetivo: tratar de desgastar al Partido Nacionalista Vasco, su auténtica obsesión. El ejemplo más llamativo fue la manifestación que convocó y “presidió” en Lehendakaritza hace un año, en plena campaña electoral al Parlamento Vasco, en la que llegó a calificar al Partido Nacionalista Vasco como un “partido antidemocrático.” Resulta inconcebible escuchar esas palabras del Secretario General de ELA, pero más si cabe, que Txiki Muñoz, tan crítico y exigente con todo y con todos, una vez conocidos los resultados electorales no asumiera el estrepitoso fracaso de su diagnóstico y estrategia. ELA organizó su combativa campaña política contra EAJ-PNV y la ciudadanía decidió que fuera EAJ-PNV el único partido que mejorara sus resultados. Muñoz, tan habituado a la crítica, ha perdido una buena ocasión para hacer autocrítica.
Mantengo una buena relación personal con muchas personas afiliadas a ELA que no comparten en absoluto la estrategia de un sindicato obsesionado con la política de confrontación e incapaz de abrir una vía de diálogo constructivo y positivo en el ámbito político e institucional. Txiki Muñoz es refractario al diálogo, porque llegar a acuerdos supone asumir compromisos. Durante su mandato ha demostrado una incapacidad absoluta para conducir al sindicato por la senda del acercamiento, el entendimiento y el acuerdo. En realidad, su obsesión por la política no deja de ser un refugio para un sindicato que no se compromete en el ámbito que le corresponde y pretende dar lecciones en aquél que no le corresponde. Así, es inconcebible que ELA se niegue a tomar parte en el Consejo Económico y Social de Euskadi, que es el espacio creado para generar un clima de comunicación entre las organizaciones empresariales, sindicales y la Administración pública a la hora de plantear y contrastar la estrategia económica del País a futuro. Es más inconcebible, si cabe, que ELA se niegue también a participar en el Consejo de Relaciones Laborales.
Muñoz habla de política, pero parece desconocer que la esencia de la política es el diálogo. Es inaudito que un responsable sindical proponga el diálogo para resolver conflictos políticos y sea incapaz de aplicar la misma receta para resolver las diferencias en el ámbito de las relaciones laborales. Es asombroso que se niegue a tomar parte en el diálogo social o en el encuentro entre las confederaciones sindicales y las organizaciones empresariales con el objetivo de proponer, tanto al Gobierno como al Parlamento Vasco, estrategias y acciones en el ámbito de la política económica o industrial. No es solo que no participe en la mesa social, sino que además critica a quienes han decidido hacerlo y llega al absurdo de impartir lecciones sobre cómo habría que organizar un diálogo en el que se niega a participar. Inaudito.
Euskadi ha atravesado una dura y profunda crisis económica durante prácticamente una década. Aunque es evidente que, poco a poco, la situación va mejorando, no cabe duda de que las dificultades e incertidumbres se mantienen. Empresas como Xey, La Naval, el grupo CEL o Fagor Edesa están atravesando serias dificultades estos últimos meses. En opinión de Muñoz esta situación se debe a la política económica e industrial radicalmente equivocada del Gobierno Vasco. Nunca plantea una alternativa, nunca ofrece una solución, solo se espera de él la visión más crítica y catastrofista. ELA cuenta con cauces para plantear sus propuestas, pero se niega a utilizarlos; no participa en ninguna mesa, ni Consejo. Algún día tendrá que explicar a las y los trabajadores de las empresas en crisis esta evidente contradicción. No tiene sentido criticar todas y cada una las medidas económicas del Gobierno y, al mismo tiempo, negarse a participar y aportar sus propuestas para mejorar la situación. Cuando escucho a los Comités de las empresas en crisis solicitar la ayuda del Gobierno Vasco, imagino siempre su decepción ante unos dirigentes sindicales que se niegan sistemáticamente a mantener ningún tipo de relación con ese mismo Ejecutivo.
No recuerdo ni una sola ocasión en la que ELA haya realizado el más mínimo reconocimiento sobre la política económica, social o industrial que el conjunto de las instituciones vascas vienen desarrollando durante las últimas décadas en Euskadi. Para Txiki nunca nada es suficiente. Ha sido incapaz de reconocer el posicionamiento y voto contrario de EAJ-PNV a la reforma laboral; eso sí, cuando decidimos votar a favor del “techo de gasto” no perdió ni un segundo para denostarlo. Ni una palabra sobre los acuerdos alcanzados para la liquidación del Cupo y la actualización del Concierto. Ni una palabra sobre la bilateralidad, las inversiones y beneficios obtenidos para Euskadi. Todo lo que se le ocurrió declarar a Txiki Muñoz fue que el acuerdo representaba “un ataque al autogobierno vasco”, una auténtica falsedad, impropia de un dirigente del sindicato ELA.
Echo de menos la trayectoria crítica constructiva de ELA, su visión de País, su compromiso y, sobre todo, echo de menos una organización abierta al diálogo y no encerrada en sí misma como ahora. El sindicato ha tenido mayor influencia social, institucional y, también, política, cuando ha demostrado capacidad de interlocución con el resto de agentes socio-económicos y con el conjunto de los partidos políticos. La estrategia de Muñoz es la confrontación con todos y contra todos, pero la pregunta que cabe formularle es: ¿Con quién mantiene hoy una mínima relación de cercanía y compromiso? Y la subsiguiente pregunta: ¿Con quién pretende llevar a cabo las reformas y cambios que propone? ¿Va a acabar presentándose a las Elecciones o terminará de entender que para tomar decisiones políticas hay que hablar con los partidos políticos?
Es evidente que ELA debe jugar un papel propositivo y positivo en la sociedad vasca del siglo XXI, pero debe ser consciente de que las propuestas se plantean, debaten y pactan. Debe ser consciente de que las decisiones se adoptan participando en los órganos y espacios que abordan los problemas en el ámbito económico, social y laboral. Estará de acuerdo o no con ellos, pero su responsabilidad es formar parte de las soluciones que se plantean desde unas instituciones que, recordemos, están constituidas por representantes de la sociedad vasca. Cuando se toman decisiones, a veces se acierta y otras veces se yerra, pero hay que decidir y, en ese sentido, ELA se tiene que “mojar.” No se puede pretender construir un País desde la confrontación, la cerrazón y el enfrentamiento permanente; en este siglo son necesarios el diálogo, la cooperación y la colaboración, “marca de la casa” durante décadas del sindicato ELA.

Mi artículo de hoy en Grupo Noticias.

http://www.deia.com/2017/08/12/opinion/tribuna-abierta/a-donde-nos-lleva-el-sindicalismo-de-ela

www.noticiasdegipuzkoa.com

domingo, 23 de julio de 2017


Los achaques del parlamentarismo español
La salud del Senado de España es la cuestión que se me plantea con mayor frecuencia. Hay quienes piensan que lo mejor sería extirparlo, esto es, que la Cámara Alta debería desaparecer; pero la afirmación que más acuerdo suscita es que necesita una modificación sustancial en sus contenidos y su forma, en sus quehaceres y su dimensión. Su reforma es, probablemente, uno de los objetivos que en mayor medida comparten todas las fuerzas parlamentarias.
Hoy no existe un diagnóstico consensuado para abordar esa reforma. Ni siquiera percibimos la voluntad de llevarla a efecto. El mejor ejemplo es que la ponencia de estudio, creada el pasado mes de noviembre para su remodelación, no se ha reunido ni una sola vez ocho meses después de su constitución. No hay voluntad real de reforma, esto es lo único que podemos concluir de la actitud de PP y PSOE, que una vez más apoyaron una iniciativa parlamentaria para abandonarla el mismo día de su puesta en marcha.
Tengo que reconocer que la experiencia parlamentaria avala un sistema bicameral. Tiene todo el sentido dentro de un Estado compuesto y descentralizado como el español, ahora bien, es evidente que en estos momentos el Senado no está ejerciendo las funciones que debiera. Pretendidamente es la Cámara de reflexión serena, pero en realidad dedica menos de la mitad del tiempo que el Congreso a debatir los proyectos de ley. Pretendidamente es la Cámara del debate plural, pero en realidad el Partido Popular, con su mayoría absoluta, es capaz de organizar una Comisión de investigación de la financiación de todos los partidos políticos, de todos a excepción del suyo. Reflexión, serenidad, debate y pluralidad, más necesarias que nunca, brillan por su ausencia en el Senado español.
El termómetro es el instrumento que sirve para identificar síntomas de una enfermedad latente. En el momento político actual, se podría decir que el Senado es el termómetro que está poniendo de manifiesto la baja calidad democrática del Estado español. La pérdida de la mayoría absoluta, esto es, la pura necesidad, ha movido al Partido Popular a buscar en el Congreso de los Diputados unos acuerdos que en la anterior legislatura no necesitó. Ahí comienza y termina toda su voluntad de diálogo. Sencillamente, como en el Senado mantiene su hegemonía, ni dialoga, ni acuerda. A tenor de lo conocido hasta ahora, la fiebre de la mayoría absoluta no ha remitido en su totalidad.
Esta es la prueba más evidente de que la democracia en el Estado español parece no haber alcanzado todavía su madurez. En cuarenta años de trayectoria ha quedado demostrado, tanto que las mayorías absolutas no se han gestionado bien, como que el modelo de parlamentarismo tiene que evolucionar y cambiar. Las mayorías absolutas solo han servido para que el Gobierno haya impuesto sus políticas y decisiones, sin tener en cuenta ningún interés más allá del propio y circunscrito a cuatro años. Han sido Ejecutivos para los que el Parlamento ha sido solo una molestia y, además, en relación a Euskadi las tres mayorías absolutas han coincidido en ponerse al servicio de revertir el Autogobierno, incumplir el Estatuto, esquilmar competencias y recentralizar el poder.
El sistema inmunológico no parece responder adecuadamente en el parlamentarismo español, incapaz de detectar y dar solución a una de las mayores preocupaciones que el Estado tiene en la actualidad, como es el problema del modelo territorial. La acción coercitiva parece ser la única receta a aplicar. Es llamativa la incapacidad de la Comisión General de Comunidades Autónomas del Senado para incluir en su Orden del Día el debate territorial; por el contario, resulta absolutamente diligente para prohibir una conferencia del President de la Generalitat de Catalunya en el Parlamento español, esto es, prohibir su comparecencia en el que debería de ser el principal foro de debate territorial.
Tampoco en relación a Euskadi encontramos el cambio de actitud que cabría esperar. En la práctica, el Parlamento no ha demostrado capacidad alguna a la hora de propiciar una Política de Estado compartida para un final ordenado del terrorismo y la violencia, en aras a cimentar la normalización y convivencia futura en Euskadi. No ha demostrado la altura de miras necesaria para debatir, sin apriorismos, la crisis del modelo territorial del Estado; abordar sus problemas de funcionamiento e intentar definir un nuevo modelo que permita dar cauce de solución, desde la democracia, a las aspiraciones legítimas que se plantean.
El proceder parlamentario español ha sido incapaz de poner pie en pared ante el reiterado incumplimiento del Estatuto de Gernika de 1979 que hemos padecido por parte de los diferentes Ejecutivos centrales, con y, también, sin mayoría absoluta.
No vamos a cejar en el empeño. Desde el Grupo Vasco en el Senado vamos a seguir trabajando con todos los resortes a nuestra disposición en defensa de los intereses de Euskadi. El Estatuto es ley, debe cumplirse y completarse. El Autogobierno vasco es singular, debe respetarse y actualizarse. El Estado es plurinacional, debe reconocerse y actualizarse. No vamos a flaquear, trataremos de paliar los achaques que aquejan al parlamentarismo español y que afectan, también, al desarrollo y progreso de Euskadi.
Mi artículo de opinión, hoy, en http://www.diariovasco.com/

martes, 18 de julio de 2017

Argia eta itzala
Uztailaren 18a heltzen den bakoitzean egun beltza etortzen zaidanez burura, aurtengoan argi pixka bat ematen dion gertakari bat ekarriko dut gogora. Izan ere, horrelako egun batean jaio zen, duela 99 urte Hegoafrikako Mvezo herrian, XX mendeak eman duen pertsonaia garrantzitsuenetako bat: Nelson Mandela. Horregatik, 2009az geroztik bere omenezko nazioarteko eguna izendatzea erabaki zuen Nazio Batuetako Batzar Nagusiak.
Giza eskubideen alde eta bere herrian beltzak baztertzeko aplikatzen zen Apartheidaren aurka egiteagatik hogeita zazpi urtez espetxean izan ostean Hegoafrikako Presidente izatera heldu zen, eta bakea, askatasuna eta gizartearen adiskidetzea izan ziren bere jardueraren ardatzak.
Nazio Batuek gatazkak konpontzen, arrazen arteko harremanak lantzen, giza eskubideak sustatzen, adiskidetzea bultzatzen eta beste hainbat arlotan egin zituen lanei gorazarre egiten die, eta gaurko eguna espetxeratuta daudenen baldintzak hobe daitezen sustatzeko ere izan dadila erabaki zuen duela bi urte, hauek gizartearen parte garrantzitsua direlako jakitun.
Egun berezi hau gogoratuz argi pixka bat eragin nahi nuen baina, jakina, argia dagoenean itzala ere sortzen da, eta Estatu espainiarrean egun honetan gogoratzen den ekintzarekin eta 81 urte geroago bakea eta adiskidetzearen alde emateko falta diren pausoak ikusita, oraindik itzal gehiegi dagoela uste dut.


lunes, 17 de julio de 2017


Las debilidades de la democracia española
El 15 de julio de 1799, el teniente francés Pierre-François Bouchard descubrió en la localidad de Rosetta el fragmento de una antigua estela egipcia con un texto repetido en tres escrituras distintas: jeroglíficos egipcios, escritura demótica y griego antiguo. Gracias a la conocida como Piedra de Rosetta se llegó al entendimiento de los jeroglíficos egipcios que hasta entonces se habían descifrado en base a interpretaciones erróneas, como la de ‘Hieroglyphica’, obra publicada por el sacerdote Horapolo en el siglo V. Esta obra fue toda una referencia durante años pero, en la práctica, resultó ser un freno en el proceso de comprensión de aquella desconocida escritura.
Recientemente se ha conmemorado en el Estado español el cuarenta aniversario de las primeras elecciones democráticas. Fue uno de los hitos más icónicos de una época tan ensalzada como la transición española, que estableció las bases del actual Estado de Derecho. Sin embargo, esas bases, como ocurriera con el estudio de Horapolo, no son todo lo apropiadas que deberían ser. No debemos olvidar que estos cimientos se erigieron en el contexto del final de una sangrienta dictadura y que, cuatro décadas después, conviene volver a analizar los mismos con una visión contextualizada, pero también crítica con el resultado.
Esa visión contextualizada sirve para recordar que solo el conocido como “ruido de sables” puede explicar que exista un artículo 8 de la Constitución que concede a las Fuerzas Armadas la potestad de ser garante de “la soberanía e independencia de España, de defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional”. Ese mismo “ruido” explica que penda sobre las Comunidades Autónomas la amenaza de la “intervención” del Estado si alguna de ellas “actuare de forma que atente gravemente al interés general de España”. También explica que la LOAPA rompiera por la fuerza el pacto entre Euskadi y el Estado en nombre de una “armonización” cuyo único objetivo era contentar tanto a los militares como a otros sectores retrógrados que sobrevivieron al dictador. Llama la atención que, cuarenta años después, la actual Ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, recupere el citado artículo 8 de la Carta Magna como posible “respuesta” a la situación que se está viviendo en Catalunya. Este es un buen ejemplo de los endebles cimientos del Estado de Derecho y del bajo nivel de calidad de la democracia cuatro décadas después.
Otro ejemplo de esta debilidad es la indisimulada interconexión que se mantiene entre los poderes del Estado, clara herencia de un régimen dictatorial y de la inercia de un Estado que no acaba de fortalecer su modelo. Así, se mantiene un Legislativo supeditado al Ejecutivo y una Judicatura dirigida por los partidos políticos mayoritarios en el Gobierno. Esta circunstancia quiebra la imparcialidad judicial en tantos casos que se llega a poner en duda su nivel democrático y, desde luego, la administración de una justicia verdaderamente justa.
Los ejemplos de debilidad política son de primer nivel. Ningún país de Europa occidental hubiera permitido la continuidad de un Ministro de Interior tras escuchar grabaciones en la que trataba de construir, junto con la Policía, pruebas para hacer frente a un adversario político. Ningún país hubiera permitido la continuidad en su cargo de un Ministro de Justicia que obstaculiza causas por delitos relacionados con la corrupción. Todo esto ha ocurrido en España, pero ya sabemos que desde hace más de 40 años, “Spain is diferent”.
Las debilidades de la democracia se observan también en el ámbito de la convivencia. Esta misma semana, con motivo de los actos de recuerdo y homenaje a Miguel Ángel Blanco, hemos tenido una muy buena prueba de ello, asistiendo a disputas políticas e institucionales incomprensibles más de seis años después de que ETA declarara el cese definitivo de su acción armada. En este nuevo contexto, más valdría a determinados dirigentes políticos atender a los objetivos que recoge la Constitución Española en orden a favorecer la reconciliación y la convivencia, en lugar de seguir tratando de utilizar el inexistente terrorismo como arma arrojadiza.
En este punto quiero dejar clara constancia de que no pretendo obviar la insoslayable responsabilidad que tienen ETA y su entorno más próximo. En su mano estuvo no matar; en su mano estuvo también, aunque tarde, pedir perdón por el daño injusto causado y acogerse a medidas de reinserción. No lo han hecho y hace escasos días supimos que el colectivo de presos, EPPK, dio libertad a sus miembros para acogerse a las vías legales para enjugar sus penas; es un paso positivo aunque, como todo en la absurda existencia de ETA, llega incomprensiblemente tarde.
En todo caso, cuarenta años después de las primeras elecciones democráticas, seis años después del final definitivo de ETA y cuando la banda desalmada ya está desarmada no es tiempo de continuar con medidas penitenciarias de excepción que extienden las penas de las personas presas a sus familiares, a través de una política extemporánea de alejamiento. Tampoco es tiempo de recurrir a la ingeniería jurídica para construir una cadena perpetua camuflada bajo el eufemismo de la prisión permanente revisable, ni de solicitar penas de cárcel desproporcionadas y vengativas como las pedidas por la fiscalía en el caso del inaceptable caso de Altsasu.
Las debilidades de la democracia las sufrimos también en el ámbito político en Euskadi. Hay que recordar a los adalides de la legalidad española que han pasado ya 38 años desde que se refrendara el Estatuto de Gernika. Una ley orgánica que el Estado español sigue incumpliendo consciente y reiteradamente. Las competencias del Estatuto siguen aún sin transferirse, única y exclusivamente porque así lo han querido los diferentes Gobiernos españoles tanto de UCD como del PP o del PSOE. La debilidad de la democracia se explica por su falta de voluntad para fortalecerla.
El contador de la debilidad suma y sigue. El último episodio lo hemos tenido este jueves con el poco edificante ejemplo dado en el Senado en la Comisión de Investigación de la Financiación de los Partidos Políticos, un pomposo nombre para enmascarar el paripé creado por el Partido Popular. Su única intención era aprovechar su mayoría absoluta en la Cámara Alta para tratar de contrarrestar la Comisión creada en el Congreso para investigar sus cuentas. Utilizar las instituciones en beneficio propio para poner en marcha el “ventilador” y tratar de hacer ver que todos los partidos políticos están “manchados” no va a lograr ocultar, ni hacernos olvidar, que el PP es el primer partido imputado por corrupción en la historia de la democracia. Nuestra respuesta ha sido clara, nos hemos negado a tomar parte en una comisión cuya inequívoca intencionalidad política y de reproche recíproco contamina todo objetivo positivo y propositivo que pudiera tener.
Cuatro décadas después, pese a las celebraciones, parabienes y lisonjas más propias del “papel couché”, las debilidades y costuras de la transición española se hacen muy visibles. Aún quedan demasiadas cosas por hacer para fortalecer la democracia y asentar un auténtico Estado de Derecho. Soy muy consciente de que no existe una piedra Rosetta que nos vaya a descubrir las claves y resolver todos los problemas. Ahora bien, a la ‘Hieroglyphica’ que se ha instalado en la política española le vendría muy bien poner en práctica la voluntad inequívoca de asumir las debilidades del modelo, primer paso imprescindible para arbitrar las medidas que permitan construir una sociedad más justa y democrática.