sábado, 28 de abril de 2018


El populismo no entiende de coherencia
El populismo se basa en la estrategia de construir una narrativa que ofrece soluciones simples ante situaciones complejas. Un ejemplo prototípico de político populista es Nigel Farage, líder de UKIP, quien fue capaz de liderar un movimiento que puso en apuros al entonces primer ministro británico David Cameron. Empleando un discurso comunicativamente sencillo y combinando mensajes inciertos y confusos, con altas dosis de demagogia, acabó conduciendo al Reino Unido a una situación complicada al decidir abandonar la Unión Europea. Aquella decisión obliga al país a adoptar medidas de las que, ahora, nadie parece querer responsabilizarse. Ahora bien, lejos de asumir los compromisos adquiridos una vez adoptada la decisión del ‘Brexit’, el señor Farage se limitó a dimitir y desaparecer de la escena pública.
En el Estado español, salvando las distancias, está ocurriendo algo similar con Albert Rivera. El líder de Ciudadanos se muestra siempre dispuesto a enarbolar cualquier bandera que considera que puede agradar a una mayoría de la ciudadanía. Elabora, como hiciera en su día Farage, un discurso tan sofisticado en las formas como vacío en el contenido. El mejor ejemplo lo encontramos en la propia imagen con la que se dio a conocer, completamente desnudo y con una sonrisa angelical. Años después sigue igual de desnudo en cuanto a ideas y propuestas, pero mantiene también la misma capacidad de llamar la atención y jugar con el impacto inmediato; eso sí, ayudado por la ventaja que asiste a quien elude cualquier tipo de decisión que comporte una responsabilidad.
Una de las banderas que el señor Rivera ha decidido blandir es la crítica a los hipotéticos privilegios de Euskadi. El Concierto Económico vasco es un sistema singular de relación financiera muy complejo de comprender, sin embargo todo el mundo entiende lo que supone resultar premiado en el sorteo del cupón. Así, el líder ‘naranja’ activa la combinación de falsedades y medias verdades con mensajes confusos y demagogia para crear el “cuponazo” y trasladar una imagen distorsionada de la realidad. Es un juego ventajista, porque adquiere la notoriedad y el aplauso en España a cambio de nada, porque nada tiene que perder en Euskadi. Así lo demuestra un somero repaso de la acogida de Ciudadanos en nuestra Comunidad: en 2014, en las elecciones al Parlamento Europeo obtuvo cero escaños con el 0,84% de los votos; en 2015, cero diputados en el Congreso con el 4,14% de los votos; en 2016 no logró escaño alguno ni en el Parlamento Vasco (2,03% de los votos) ni en el Congreso (3,55%). Es decir, la ciudadanía vasca le ha puesto su nota: un cero.
Ciudadanos ha tomado nota y ha sacado sus propias conclusiones: como su discurso no tiene eco ni respaldo en Euskadi, quienes aquí vivimos ya no merecemos su interés y, de la noche a la mañana, nos ha convertido en el egoísta y malvado antagonista que obtiene beneficios a costa del conjunto de la ciudadanía española. Así de sencilla es su estrategia: como no funciona en Euskadi, se revuelve y decide sacrificar su insignificante presencia en Euskadi, el cero vasco, a cambio de retorcer la realidad y presentar en España como “privilegio y cuponazo” (mensaje sencillo) lo que en realidad es la asunción de un “riesgo unilateral y un sistema solidario” (concepto complejo). A Rivera no le importa cuestionar un sistema que lleva 140 años vigente, cuenta con todo el respaldo legal e institucional y ha demostrado su eficacia y solidaridad. En suma, utiliza Euskadi para obtener votos en España.
La estrategia de Rivera es la confrontación y la utilización de la demagogia sin ningún rubor. Pura retórica populista. Mis años de experiencia en el Senado me han confirmado el diferente prisma con el que se observa la realidad del Estado cuando se mira desde el norte o desde el centro. Quienes vivimos en Euskadi, o en Catalunya, tenemos la vivencia cotidiana de la diversidad y la pluralidad; compatimos una Comunidad bilíngüe, con sentimientos de identidad distintos. Desde el centro, desde Madrid, estas diferencias no se aprecian, y personas como Rivera las desprecian.  
Ahora, en el contexto de los Presupuestos Generales del Estado para 2018, Ciudadanos ha vuelto a la carga al amenazar al Partido Popular con retirar su apoyo a las cuentas si transfiere a Euskadi la competencia de la Seguridad Social. Rivera, el paladín de la legalidad, está apelando a que se incumpla; peor aún, amenaza con represalias si la ley se cumple. Nuevamente, la demagogia ventajista de inventar un concepto sencillo (“romper la caja única de las pensiones”) para eludir un compromiso complejo aprobado en el artículo 18.2 del Estatuto de Gernika: “Corresponderá al País Vasco la gestión del régimen económico de la Seguridad Social”. El problema es que Rivera no siente la mínima necesidad de justificar en Euskadi por qué se opone a que se cumpla este artículo del Estatuto que fue refrendado por la ciudadanía vasca.
La irresponsabilidad de Ciudadanos es su mejor arma. En realidad la única. No ha querido asumir tareas de gobierno en ningún lugar y, por tanto, carece de responsabilidad alguna en lo que esté ocurriendo. Hemos conocido su actitud en Catalunya, donde de un día para otro pasó de alardear de su victoria a evitar cualquier compromiso que le condujera a liderar una opción alternativa de mando. Ahora, en la negociación de los Presupuestos Generales, se permite acorralar al partido del Gobierno central con un acuerdo envenenado en el que pretende presentarse como el freno a las demandas abusivas de los nacionalistas. Es el planteamiento de un partido sin compromiso que juega a dos bazas, pretende ganar si se aprueba el presupuesto y también si acaba rechazándose. Pura demagogia ventajista.
Ante tanto populismo, quiero reivindicar la política como la acción que es capaz de responder a las necesidades de la ciudadanía y de sus comunidades. Para ello, es necesario combinar dos elementos que son clave: coherencia y paciencia. No oculto que me preocupan las consecuencias de dar rienda suelta a un populismo españolista con la ciudadanía vasca como “indeseado rehén” de Rivera, porque el problema es que para la visión egoísta de Ciudadanos, Euskadi no representa ningún problema; es el partido del ‘no a Euskadi’. Le es igual utilizarnos como comodín o vilipendiarnos con tal de recoger los frutos electorales deseados en España. Es un partido de intereses y, claramente, su interés no se encuentra entre nosotros. Euskadi mira hoy a un nuevo futuro consciente de la complejidad de la situación y de que no hay soluciones sencillas y, menos, simples. Queremos y debemos desarrollar una sociedad capaz de mirarse a la cara después de terminar con 50 años de terrorismo, capaz de trabajar por el desarrollo de su gente y sus empresas, de asentar el crecimiento y ofrecer oportunidades de empleo, siempre con las personas como eje central de las políticas públicas. El tiempo dará o quitará razones, pero reitero mi reivindicación de una forma de hacer política con coherencia y paciencia.
Mi artículo de opinión, hoy en Diario Vasco.

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